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Corpus Christi

CUERPO DE CRISTO.

Al hablar del cuerpo de Jesús tenemos que partir con el hecho histórico de la encarnación del Verbo en el seno de la Virgen  María (Mt1,18;lc 1, 26-37).El Verbo de Dios se hizo carne, es decir, asume un cuerpo humano con toda su esencia, sin por ello dejar su condición Divina (Jn1,14; 4,6-7), aquí encontramos por un lado a la “Palabra” que se hace carne para habitar entre nosotros como uno más, y a su vez, se nos da a conocer a      un hombre que padece cansancio y sed por el esfuerzo realizado, y solicita ayuda para aliviar su necesidad humana. Esto quiere decir que es poseedor de        un cuerpo humano individual y físico, quedando de manifiesto su naturaleza humana (Rom. 9,1.5; Heb.11-17; 1Jn. 4,2; 2Jn. 7) con las limitaciones propias que le llevaran a vivir el sufrimiento y la muerte (Mt. 27,27-60; Jn. 28-40; Hb. 10,5-10). 
Por otro lado, para hablar del “Cuerpo de Cristo” también es necesario comprender que ese cuerpo humano de Jesús, después de su muerte no se queda en el sepulcro, sino que resucita glorioso (Lc. 24,39; Jn. 20, 19-27; 1Cor. 15,44; Flp.3,21),lo que implica que desde ese momento ya no hay limitaciones de espacio ni de tiempo para Él.
Habiendo puntualizado lo anterior, podemos referirnos a un segundo hecho histórico en la vida de Jesús, presente en el momento de la “Última Cena” vivida con sus apóstoles en la gran fiesta de la Pascua Judía. Esta es una festividad solemne que celebra la libertad del Pueblo Hebreo de la esclavitud de Egipto, relatada en el libro del Éxodo, la celebración consiste en una serie de ritos hogareños en los cuales se conmemora no solo la liberación del cautiverio de los judíos, sino también, la transformación de su conciencia como nación libre y dotada de una ley. Jesús, conocedor de la ley he historia de su pueblo participa de la alegría que significa ser una nación capaz de tener sus propias leyes y gozar de libertad.
Ante este telón de fondo, con el profundo sentido de la fiesta de la pascua, Jesús reúne a sus discípulos más cercanos y los invita a celebrar pero con una mirada más universal, más penetrante en la historia de la salvación de la humanidad. En la vivencia de la pascua conduce a los discípulos a la unión íntima con su “SER”. En la última Cena,  Jesús convierte el pan y el vino en su propio Cuerpo y Sangre, para que los discípulos puedan alimentarse de él y vivir en comunión íntima y real con él. “El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él” (Jn 6, 56; Mt 26, 26-28; Mc 14, 22-25; Lc 22,14-22). Al estar unidos a la humanidad de Cristo estamos al mismo tiempo unidos a su divinidad. Nuestra naturaleza mortal y corruptible se transforma, al unirse con la fuente de la vida. “Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí” (Jn. 6; 53-58; 1Cor.11, 23-29).
Sabiendo que estamos unidos a la fuente misma de la vida y que hemos sido convocados por el mismo Jesús, a amarnos los unos a los otros, con el fin de manifestar el amor de Dios a la humanidad, se entiende que San Pablo dijera que la comunidad de los creyentes en Cristo forman un solo cuerpo.
Siendo esto así, todos los creyentes unidos a  Cristo por el bautismos, formamos el Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia (1Cor.12;12-13; Rom8,29;1Cor.10,16-17;1Cor12,27;Ef1,4-11). La obra principal del Espíritu Santo es que la Iglesia, con toda su diversidad y pluralidad, se constituya como cuerpo de Cristo, y, en consecuencia, no deje de ser un solo cuerpo de Cristo, un solo sacramento de la comunión con Dios y entre los hermanos.

Sr. M. Teresa Matamala (Councillor - Province of Cunco) in collaboration with Sr Matilde Inostroza – Congregational Councillor