Cartas para las Fiestas

Querida hermana

Hoy celebramos la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz,  nuestra fiesta Congregacional. ¿Qué ocupa un lugar privilegiado, un lugar destacado en su pieza?  ¿Qué le importa especialmente? 

En muchos países encontramos crucifijos en las iglesias o sobre los techos o campanarios   y en los  cementerios. En Suiza hay también cruces que adornan los  bordes de caminos y  las cimas de  las montañas.   En algunos lugares  las encontramos   en las salas de clases, en los tribunales y en las piezas de hospitales.  ¿No será que nos hemos acostumbrado demasiado a este signo? ¿Nos infunde todavía estremecimiento o admiración? ¿Estamos todavía sensibles al misterio de un Dios que quiso compartir  el sufrimiento con la humanidad,   que se nos revela En la cruz?  
Nuestro mundo no es un mundo perfecto, sano -    también esto se expresa en la cruz. –

La pasión de Jesucristo nos recuerda siempre los abismos que hay en nosotros   y  el sufrimiento enorme    causado por la crueldad de los hombres.   

Si hoy celebramos nuestra Fiesta Congregacional lo hacemos, porque es   la Cruz que, en esta realidad diaria difícil,  anuncia, un mensaje  de salvación. 

In cruce salus. La muerte no tiene la última palabra y   toda la injusticia de este mundo terminará.  Por medio del sufrimiento y de la  muerte de Jesús se nos regala la vida, se nos promete salud y salvación.   La cruz de Jesús no es solamente un signo de sufrimiento y de dolor, sino también, y sobre todo, un signo de vida y de esperanza.  

In cruce salus. De esta esperanza vivimos:   cada día de nuevo Él transforma la vida con la cruz y mediante la cruz, con nosotras y por nosotras, porque la Fiesta de la Exaltación de la Cruz no se limita a  ser un recuerdo del pasado,  nos llama a preparar el camino a   la Pascua, a la Resurrección, a la vida  y servir  de esta manera a Dios y a los hombres.  

In cruce salus. La Cruz es para nosotras signo de esperanza y de misión.  Como Hermanas de la Santa Cruz reconocemos nuestra vocación más profunda  en luchar y colaborar para que, en medio de  la   tribulación y de la angustia, sea posible experimentar la fuerza transformadora de Dios  en el mundo – en nosotras y por nosotras, -  para que su Reino alboree aquí y ahora.     

 Cristo no tiene otro cuerpo que el tuyo       

 No tiene manos ni pies, sólo los tuyos             

Son  tus ojos con que Cristo mira compasivo al mundo;      

Son tus pies con que   se mueve para hacer el bien;                                                                                                         

Son tus manos con las que bendice todo el mundo;                                                                                    

Cristo no tiene otro cuerpo en el mundo que el tuyo – tú lo encarnas. Teresa von Avila (1515–1582)

¡Le deseo muchas bendiciones en esta   Fiesta de la Santa Cruz!

Sr. Ursula Wyss
En el nombre de la dirección general,   Lucerna,  Fiesta de la Santa Cruz 2017  

  

Querida hermana

El pasaje bíblico del encuentro de Maria Magdalena con Jesús Resucitado es una invitación a reflexionar acerca de nuestros encuentros diarios y, siendo María Magdalena   la primera testigo de la Resurrección, sobre   la dignidad de la mujer y de su llamado a la evangelización. Jn.20; 1-18 

Se nos  plantea la cuestión de ser discípulo/a, hoy  y en todo tiempo. ¿Cómo poder ver, toca y encontrar a Jesús resucitado y vivo en medio de  la incertidumbre  y la desolación?

La mano extendida de Jesús nos recuerda que el Señor Resucitado atraviesa el tiempo y el espacio y entra en nuestro mundo, invitándonos   a buscarlo. – Podemos encontrar a Cristo   en todas partes: en la lucha de un joven, en una mujer abusada,  en un refugiado sin hogar,  en un niño desnutrido, en el medio ambiente contaminado y,  podríamos continuar  la lista… en todas partes donde la esperanza y las expectativas se desvanecen.

"Mujer ¿por qué lloras?"  La respuesta de María  revela que en  la vida de   ella todo se ha paralizado.  Todo  ha terminado. Sus dificultades pesan tanto como la piedra que cerraba la tumba. Por eso su encuentro con Cristo Resucitado es una revelación tan   profunda que cambia su vida. 

María Magdalena, al buscar   en el  jardín a su Señor desaparecido de la tumba, lo encuentra cuando éste la llama por su nombre -¡María! Y luego se abre un nuevo mundo. En un encuentro profundo se establece una relación espiritual. 

MARÍA SE SIENTE INUNDADA DE AMOR --- 'Rabboni'. Jesús responde: "¡Suéltame!".  María debe pasar de la no-fe a la fe. Nosotras hacemos la misma experiencia  cuando abandonamos el deseo de aferrarnos, de tocar, de sostener. La fe comienza con una renuncia a lo inmediato pudiendo aceptar  algo más allá.    

El encuentro también se produce cuando reconocemos el miedo  que nos impide leer los "signos de los tiempos", y de responder y   somos capaces de superarlo. - El darse cuenta de que el miedo nos impide ver con claridad,  es un gran momento de GRACIA. El amor apasionado entre María Magdalena y Jesús continúa incluso después de la Resurrección. Pero es un amor transformado. 'No me toques...' Es imprescindible vivir de ese amor.  Cuanto más se da, más se obtiene. No retengas nunca la pelota. ¡Devuélvela! Si dejas de dar  te quedará un sabor amargo.  "Lo que importa en la vida es amarRezo   para vivir del amor, para ser la luz del amor divino en mis acciones, palabras y pensamientos. "(Colette Lafia) Como María somos llamadas a este encuentro con Jesús   en el que se une    lo divino y lo humano,   la gracia y la naturaleza. - ¡Que también nuestros encuentros sean expresión del  amor  dando testimonio de esa 'GRACIA'. 

¿Cómo encuentro al Señor en mi vida diaria?   
¿Cómo abrirnos  a Su gracias,  para participar de este amor transformado? 
Que este amor transformado me ayude a alcanzar los pliegues y repliegues de mi ser y a vivirlo en el tejido de mi vida cotidiana. Esto me ayuda a experimentar lo sagrado en la profundidad de mi corazón.
Le  deseo una Pascua llena de Gracia     
Hna. Immaculate Joseph.  En nombre del liderazgo congregacional Pascua  2017   

Querida hermana

Navidad, un llamado a la  paz.  La celebración del Misterio de la Encarnación de Cristo nos invita a contemplar nuestra vida y la de nuestro prójimo.

Durante el tiempo del Adviento hasta la Navidad, mientras el mundo comercial  nos inunda   con luces brillantes y anuncios publicitarios cautivadores que sombrean la realidad del mundo,   estamos invitadas a encontrar nuestro espacio interior y reflexionar sobre el misterio de la Encarnación y lo que significa para nosotras hoy.

La encarnación de nuestro Señor es el signo de paz, esta PAZ que está profundamente amenazada en nuestro mundo.   Vivimos en una cultura de consumo donde el afán por las cosas materiales prevalece y donde se ignora el estilo de vida sencillo; donde los medios de comunicación nos presentan las historias sensacionales del abuso de poder, la guerra y el crimen y las tragedias  de los migrantes que cruzan los océanos, las desigualdades que ensanchan la brecha entre ricos y pobres, la pérdida de muchos bebés no nacidos privados de la vida, los conflictos religiosos y étnicos... La lista parece interminable. ¿Cómo vamos a construir y ser parte de un mundo verdaderamente humano?

Ya que continuamos fallando, debido a nuestra propia fragilidad humana, necesitamos  esforzarnos en la búsqueda de la verdadera paz que está basada en la   justicia (Isaías 32:17), recordando además  que el amor es la fuente de la paz y en ausencia del amor hay inestabilidad humana.

Y en la tierra paz" (Lucas 2: 8-20). La pregunta surge naturalmente: ¿Por qué  pastores?   Éstos eran de una clase baja, que pasaban la mayor parte de su tiempo no con la gente sino con los rebaños de ovejas. Sin embrago éstos eran los que fueron escogidos para recibir el anuncio que causaría un estallido de alegría y paz. La buena noticia sacudió literalmente a los pastores de su antiguo yo, para que difundieran el mensaje que se les había dicho. Ciertamente, Dios quiere que experimentemos la vida en plenitud sin importar de dónde venimos, quiere reconciliar a todos, traer unidad y solidaridad en la vida de las personas, ver a gente libre,  a gente que se ama y se estima. Y para eso, Dios se hizo  uno de nosotros - “la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros  (Juan 1:14).

Considerando el actual debate a alto nivel en relación a los actos de terrorismo, es alentador que muchas personas de diferentes religiones se esfuercen por buscar la paz interior y muchas personas amantes de la paz estén trabajando para lograr la paz.    Como creyentes damos gracias a Dios, por la nueva alianza  por la que Cristo "el príncipe de la paz" está continuamente reconciliando el mundo y restaurando la unidad de todos los hombres. Es un  Misterio que sólo se puede entender con los ojos de la fe.

También como Hermanas de la Santa Cruz somos desafiadas a abrazar la humanidad y toda la creación con amor íntimo, misericordia y compasión. Estamos llamadas a proteger y promover la vida, a cuidar a los pobres y estar entre ellos; un llamado que no es nuevo para nosotras, pero que se repite continuamente. Somos desafiadas a vivir con pasión, a tener valor y hacernos cargo de nuevos campos  de apostolado que respondan a las necesidades de hoy. 

¡Que la paz reine en nuestras comunidades, el lugar que llamamos hogar! Si hay alguien agraviado, todo el mundo se ve afectado. La paz tiene que comenzar conmigo, y extenderse a  mi prójimo,  a la nación,   al mundo.

 ¿Cómo puede cada una de nosotras crear un ambiente mejor y más pacífico?

De hecho, Cristo escogió nacer en el establo (Lucas 2: 7) para mostrarnos que él es parte del mundo y ha vencido el orgullo y el egoísmo humano. Además, el establo representa la creación entera de Dios, es decir, la madre tierra es nuestro hogar común y debemos esforzarnos por vivir en armonía con todos los seres vivientes para que la verdadera paz prevalezca en cada ser de la creación  del Dios todopoderoso.

Concluyendo: la palabra hecha carne", está plenamente viva en nuestras vidas. Podemos experimentar la alegría, el amor y la paz que da la Navidad, y nuestra experiencia puede ser contagiosa para las personas con quienes nos encontramos en todas partes.

 ¡Que haya paz en nuestros corazones!  ¡Paz en nuestras comunidades!  ¡Paz en nuestro mundo de hoy!  ¡Feliz Navidad y saludos cariñosos!  
Hna. Immaculata Sililo

Por el Equipo del liderazgo General, Lucerna, Navidad  2016

 

  

Querida hermana,

Celebramos la Exaltación de la Santa Cruz, nuestra fiesta Congregacional. Cómo agradecer a Dios por amarnos hasta el extremo!; (cf. Jn 3,16).  Nos llenamos de gozo y esperanza al experimentar el amor misericordioso de Dios enviando a  su Hijo al mundo para salvarnos y a qué precio!. El Hijo de Dios se hizo vulnerable, tomando la condición de siervo, obediente hasta la muerte y una muerte de cruz (cf. Fil 2,8).
Detengámonos un momento y reflexionemos  en el profundo significado de nuestro nombre: “Hermanas de la Santa Cruz”,  herencia de nuestros fundadores.
Estas palabras de nuestros Fundadores “Necesito hermanas que comprendan la cruz” (PT).”Llevemos la cruz con alegría”(MB) ¿Qué sentido tienen hoy para nosotras?,  ¿Qué representa para nosotras  esta presencia constante del signo de la cruz en nuestra vida, en nuestras comunidades, en la sociedad?
Nosotras, que abrazamos  la Santa Cruz de Cristo,  tenemos un llamado especial en este año de la Misericordia:

  •  “A realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy! Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia.
  • A curar aún más estas heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a curarlas con la solidaridad y la debida atención. No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye
  • Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotras para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad. Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo.” (Misericordiae Vultus,nº15)

La cruz de Cristo es el distintivo de nuestra Espiritualidad Santa Cruz, nuestra esencia de discípulas.
La Cruz ilumina toda nuestra vida. Nos da esperanza. Nos enseña el camino.
Esta letra de una canción “Los Pasos de Jesús” nos impulse a:

Perder la vida, tomar la cruz,  seguir los pasos de Jesús,  amar con su forma de amar,  perder la vida para ser luz.
1. Darse por el que nadie amó,  darse por el abandonado  que espera ver amanecer.  Prestar oído a su clamor,  amar como un enamorado  a aquél que nadie quiere ver.
2. Gritar que Dios no está dormido  y está dándonos su fuerza,  que va sembrando libertad.  Gritar que el odio no ha vencido   y la esperanza no está muerta,  y Dios invita a caminar.
3. Andar caminos aún no andados,  saltar abismos y fronteras,  ir donde nadie quiere ir.  Darle la mano al que está solo  y que ya todo lo ha perdido,  darle la fuerza de vivir.  

Que podamos vivir hondamente este misterio de amor. Ponernos frente a Jesús en la cruz y dejar que Él nos hable y  toque nuestro corazón.
Caminemos siguiendo los pasos de Jesús, alzando la mirada, contemplando al Crucificado-Resucitado.
Que el amor de Cristo exaltado en la Cruz nos renueve por dentro, y nos impulse a vivir nuestra identidad  de hermana de la Santa Cruz” de manera más auténtica.
Les deseo una bendecida y renovada Fiesta Congregacional. 

Hna. Gloria Poblete Munoz
Por el Equipo de liderazgo congregacional

Lucerna, Septiembre 2016

  

Yo  Soy el que Soy – Para  ustedes

Querida  hermana 

Como Hermanas de la Santa Cruz estamos juntas en camino.   Dejémonos inspirar en esta Fiesta de Pascua  de  un  ‘camino’ bíblico  especial.   

  ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida’. Nos dice Jesús en el evangelio de Juan
  (16:4)    Esta palabra “Yo soy” de Jesús recuerda el nombre del Dios  que se revela a Moisés en la zarza ardiente como el: “Yo Soy Él que Soy ““Él  que los acompaño.  Este Dios de Abraham, de Isaac  y de Jacob  comienza a relacionarse con la humanidad abriendo el diálogo (cf. Ex 3:4). Él es el Dios   fiel que acompaña al pueblo en su camino al Éxodo,  el Dios que libera al pueblo de Israel de todas las adversidades y de la esclavitud, el  Dios que está al lado de los olvidados y postergados.    

Este Dios nos está llamando a seguir en camino juntas a El;  a dejar atrás   toda clase  de esclavitud, de salir en busca de la libertad que  nos depara  una vida de profunda satisfacción y verdad.  Estamos invitadas a acompañar a otros  en este camino a la ‘tierra prometida’,  lugar donde el hambre y la sed de vida están finalmente por completo satisfechas.  Es, al mismo tiempo, una invitación a dejar nuestro egoísmo, todas las costumbres y reglas que nos obstruyen o  que  impi-den encontrarnos con nuestra  raíz profunda.

Los judíos creyentes  celebran hasta nuestros días  la Pascua de la   manera, como si ellos mismos hubieran salido de Egipto.  Para nosotras  cristianas este evento de salvación culmina en la vida, pasión,  muerte y resurrección de Jesucristo.  El hambre  de amor, el  anhelo de   vida en abundancia pueden ser satisfechas sólo por Jesús.    

Esta es la razón porque el Papa Francisco llama a las religiosas   a un nuevo “Éxodo”: ‘Seguir a Jesús en la vida consagrada significa  estar continuamente   en  ‘Éxodo’   para poner el fundamento de  su vida en Cristo y en su Evangelio.’
(Mayo 2013)
Este Éxodo es una experiencia  del pueblo de Dios  que se   interpreta  siempre de  nuevo.  También nosotras Hermanas de la Santa Cruz estamos invitadas a re-interpretar continuamente el éxodo de nuestra  Congregación, nuestra experiencia fundante y la experiencia   de nuestros fundadores con Dios, re-formulándola   en el contexto cultural respectivo.   Esto nos es cómodo, pero vivificante en el  sentido pascual.    

Abrámonos para  seguir el camino  por el cual  ‘Yo Soy el que Soy’   desea llevarnos como Congregación internacional de hermanas.  

Escuchemos lo que nos dice nuestro corazón:

* ¿Qué necesito? ¿Qué  más debería hacer? ¿Qué debería dejar para llevar una vida plena? ¿Una vida que lleve al futuro  con ese Dios que está con nosotras?
* ¿Cuál es el camino por el  que nos ha llevado ese  ‘Dios Cercano’, como comunidad, provincia y congregación?  
* ¿Por qué camino EL quiere llevarnos hacia el futuro?  ¿Dónde podríamos experimentar la  abundancia , plenitud y  . (unidad)
* ¿Cómo podemos quedar abiertas para las sorpresas de  Dios y      nuevos  Éxodos?  

Una Pascua de Resurrección con muchas bendiciones les   desea
En nombre del liderazgo congregacional   

Hna. Franziska Mitterer
Lucerna, Pascua de Resurrección 2016