Una carta personal a Madre Bernarda en el año 2000

Querida Bernarda

Durante los meses recién pasados, conocí algo más de ti y de las circunstancias de tu vida. Pude leer entre líneas muchas cosas. También conocí tus preocupaciones y tus penas. Admiré tu valor y tu confianza a menudo.

Quiero agradecerte por tu obra y por tu amor. El mundo está feliz cuando puede tener personas como tú. Aprendí de ti que es bueno escuchar nuestras voces interiores. Que es bueno prestar atención a mis sentimientos y nadar a veces contra la corriente. Aprendí que hay que ser constante en recorrer el propio camino y no perder el valor. Aprendí de ti confiar en la oración y en Dios aún cuando esto parezca anticuado, aún cuando los demás no me comprendan.

Quiero darte las gracias. Durante tu vida oíste poco o nada de agradecimiento por tu trabajo y por tus servicios. Quiero hacerlo ahora, para reparar lo que no se hizo entonces. Tú has realizado grandes cosas para y en las personas.

Hace algunos meses me reencontré con algunas hermanas y conocí otras que se han integrado a tu congregación. Ellas intentan, como tú lo hiciste, recorrer el camino con el Evangelio. Continúan aquello que era tu preocupación: dar una buena educación a la juventud femenina y lo han prolongado más allá de las fronteras, por el mundo entero. Se acercan a las personas de hoy, acogen sus problemas e intentan recorrer con ellas caminos nuevos. Esto no es nada de fácil. Pero ellas viven con la confianza de que el Señor conservará su obra (la congregación) y a ellas para que su amor pueda ser visible a los hombres.

Los tiempos de hoy no son nada de fáciles. La cristiandad, la Iglesia están cambiando y deben cambiar. A muchos les cuesta aceptar esto. Se habla de tiempos que corren sin rumbo. Será cierto? No lo creo del todo. El rumbo (Cristo) está allí, sólo hay que buscarlo y encontrarlo a El y a sí misma.

Me puedo imaginar muy bien que tu mundo era diferente. Pero no tanto. Claro, hoy tenemos automóviles, aviones y computadores, pero yo me pregunto: somos más felices, estamos con todo esto más cerca de Dios?

Es importante, en especial hoy en día, educar bien a los niños. A menudo, esta es la única posibilidad de mostrarles que un mundo sin guerras y sin peleas es perfectamente posible...

Tú has luchado. Bien, me parece que esos "grandes señores” a menudo se han permitido cosas realmente inaceptables. Tienes que haber sufrido mucho. No tenías ganas de arrancarte a veces de todo esto? La verdad es que yo lo hubiera hecho. Pero tú... no. Tu amor a Dios y a tus hermanas te retenían, del mismo modo como tu constancia y la fe en ti misma. Te atuviste a tus convicciones y tuviste que aprender que quien realmente se compromete, se expone.

¡Cómo me gustaría conocerte por dentro! Saber cómo oraste, cómo experimentaste el amor de Dios. No te han surgido dudas a veces? Todo esto es algo que yo sólo puedo suponer, pues no has escrito nada sobre tu vida interior. Cuáles habrán sido tus inquietudes? Una persona de este siglo dijo una vez: "No hay ninguna estadística que muestre cuantas personas mueren de hambre espiritual, porque aquellos que tienen experiencia en lo espiritual, no lo comparten.” Entiendes lo que quiero decirte? Estoy convencida que tú tenías mucho que decirnos, si es que hubieras podido decirlo entonces. Pero tu eras y sigues siendo (sólo) una mujer. Lástima, pues tu hubieras podido contarnos mucho a mí y a los demás.

Hoy tampoco es fácil ser mujer. En nuestro tiempo y en este país, las mujeres deben hacer mucho más que los hombres para que se las reconozca. Y esto tanto en la Iglesia como en el mundo de la política. Por esto es importante que hablemos y digamos lo que pensamos, cuales son nuestras experiencias personales y nuestras metas.

Gracias por tu existencia y que se te puede encontrar de nuevo en tus hermanas.

Cecile

búsquedas | direcciones/contatos