Historia de Ribeauvillé

Patria espiritual de Madre Bernarda

El padre espiritual de las Hermanas de la Divina Providencia es el sacerdote Jean-Martin Moye (1730 – 1793).

Moye envió a las primeras cinco mujeres a enseñar en los pueblos, sin una formación especial y sin garantías financieras. Esta situación debía expresar en lo concreto su confianza en Dios. Moye las llamó "Hijas de la Divina Providencia".

Vivían sin tener un sueldo determinado, y estaban siempre dispuestas a partir a otros lugares. En los días que no tenían clases, trabajaban en el campo. No constituían comunidades determinadas. No tenían convento, no tenían Casa Madre, ni clausura, ni hábito religioso, ni regla, ni votos.

En el fondo se trataba de un movimiento en contra del pensamiento liberal de su tiempo. Se trataba de confiar plenamente en la providencia divina. Este estilo nuevo les chocó a los campesinos, también al clero y a las clases sociales acomodadas. Pero Moye siguió adelante.

La asociación de Moye crecía muy rápido. A los 12 años de existencia ya habían 60 hermanas de la Providencia en 40 escuelas. Su estilo de vida radical no ha cambiado en lo esencial, a pesar de algunos ajustes.

Después de la Revolución Francesa, los hermanos Bruno e Ignacio Mertian introdujeron una reforma.

En 1824 recibieron las hermanas una regla impresa, validamente aprobada.

Las novicias, entre ellas Madre Bernarda, estudiaron esta regla y se les educó en su espíritu. Lo que ella aprendió aquí, se seguía enseñando aún 100 años después en el Noviciado de Menzingen: "La fidelidad en lo pequeño puede ser una forma de amor a Dios y a los hombres".

Se usó allí también la expresión: "Entregarse a la obra de la educación cristiana de los niños en un espíritu de fe".

Ignace Mertian dijo en 1843, que la preparación de las novicias tenía dos objetivos: la preparación a la vida religiosa y a la vida profesional. El noviciado era una especia de Escuela Norma.

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