Ceremonia de inicio del Equipo General

Menzingen 13 diciembre 2019

Buenos días, queridos. Buenos días, sacerdotes celebrantes; a vosotras, hermanas; a todos los presentes. Buenos días a nuestras queridas hermanas y al personal de las Casas del Maria vom Berg y de St. Franziskus que nos están escuchando por la radio.

En nombre de toda la Congregación agradezco a la Superiora General, Sr Telma y a sus consejeras, Sr Franziska, Sr Immaculate, Sr Immaculata, Sr Gloria y Sr Úrsula, por haber acompañado y animado con tanto amor la vida y la misión de todas las hermanas en estos 6 años. Muchísimas gracias.

Es un don de gracia que la nueva comunidad del Generalato pueda vivir este «inicio» con vosotras en Menzingen, en un día que nos une mayormente, puesto que es el aniversario de nuestra Fundadora, madre Bernarda.

El recuerdo de madre Bernarda me ha acompañado en estos meses de preparación para la nueva misión que el Señor me ha confiado.

Pensando en Madre Bernarda he sentido en lo profundo del corazón la homilía de un salesiano. A Arese, pequeña ciudad del norte de Italia, hay un Centro Salesiano que se ocupa de la formación profesional de los chicos. Antes de que los salesianos iniciaran su misión, en aquel inmueble había un centro de reclusión de menores en el que los muchachos cumplían la pena por los delitos cometidos.

En la pared de una celda se encontró una frase, escrita con las uñas por un chico que probablemente había transcurrido mucho tiempo en aquella celda. El escrito decía:

"Sin amor de madre las vida no tiene un proposito."

Imaginemos por un momento lo que albergaba el corazón de aquel chico. Un grito de dolor, un grito de amor: «Sin el amor de mi madre la vida no tiene un propósito». Pensemos por un momento a nuestras madres, a las hermanas que han sido madres espirituales con sus palabras y su testimonio. A la Iglesia, nuestra Madre. Con ellas y gracias a ellas nosotras hemos podido encontrar un propósito para vivir.

En efecto, si estamos aquí hoy es, sobre todo, porque hemos sido amadas maternalmente. También Madre Bernarda con su «Sí» a Dios, con una finalidad bien precisa, ¡ha sido nuestra madre! Ahora, su capacidad maternal de educar para una vida verdadera y digna a los chicos y a las mujeres de su tiempo fluye dentro de nosotras, dondequiera que seamos.

Queridos hermanos, queridas hermanas: pienso que será precisamente el vivir este «genio maternal femenino», que Dios ha depositado en nosotros desde siempre, el que nos convertirá en una «presencia transformadora» en la sociedad actual; una presencia enamorada de Cristo muerto y resucitado para ser luz y sal de la Tierra.

El mundo de hoy necesita que esta presencia maternal lo eduque y lo ayude a expresar lo mejor posible el bien que alberga dentro de sí, como don de Dios, a partir de las nuevas generaciones. Lo necesita especialmente donde se siente huérfana de afectos, abandonada, incapaz de sentir compasión ante el dolor de los otros.

A cada una de vosotras os pido que os estrechéis en la plegaria y en un diálogo abierto. Es bello caminar juntas, juntas en la Iglesia, nuestra madre. A ella, como decía Madre Bernarda, pertenece cada Congregación.

"Sin el amor de una madre la vida no tiene un proposito."

Que Dios continue a bendecir y a custodiar Su Obra.

Hermana Dorina